Históricamente en psicología, el concepto de disociación ha tenido distintas acepciones y usos, en lo que respecta a la implicación de este término en el estudio del trauma psicológico, la teoría de la disociación estructural de Onno Van der Hart, ofrece una visión muy elaborada que permite una comprensión de las reacciones postraumáticas de nuestra mente.

La disociación puede ir desde sus formas más naturales y adaptativas, como quedar absorto en una tarea, a expresiones psicopatológicas como las que se dan en un trastorno de identidad disociativo (TID).

La disociación puede entenderse como vertical, que implicaría una disminución del nivel de conciencia, donde parte de lo que hacemos, sentimos, pensamos etc... está por debajo del nivel de conciencia, y una concepción horizontal donde no hay una disminución del nivel de conciencia sino que ésta está fragmentada. En este caso, existen distintos sistemas mentales no integrados, dentro de una misma persona, en esto consisten los antiguamente llamados trastornos de personalidad múltiple, actualmente denominados trastornos de identidad disociativos.

Los síntomas disociativos, son algo difícil de explicar para las persona que los padece, ya que algunas de sus experiencias internas les parecen extrañas e involuntarias, como si no le pertenecieran. Puede darse la situación en la que persona muestra amnesia para acontecimientos importantes en su vida, puede que sean incapaces de sentir una emoción o sensación, pueden recordar algunos aspectos de un suceso, y no otras partes esenciales del mismo, pueden sospechar que algo les sucedió, pero sin tener un recuerdo de ello.

Una característica importante de estos fenómenos son los llamados “momentos perdidos”, donde la persona puede encontrarse en un lugar sin saber porqué o para qué ha ido, puede no recordar haber hecho algo cuando hay evidencias claras de ello, esto se debe a que una de parte de su personalidad realiza la acción sin que otra parte tenga conciencia de ello.

El tiempo puede vivirse también de manera disociada, la sensación del tiempo puede distorsionarse pasando demasiado lento o demasiado rápido. Puede darse una especie de distanciamiento de uno mismo o de su cuerpo, como si algo no les hubiese ocurrido realmente o tener la sensación de que fue un sueño, pueden mostrar insensibilidad para alguna sensación o mostrar una desconexión emocional. Alguna parte discociada puede irrumpir e interferir en la actividad de otra, con recuerdos, pensamientos, sensaciones, conductas, o deseos, que hacen confundir el pasado con el presente.

Para la teoría de la disociación estructural, el trauma conlleva, esta división de los sistemas que conforman la personalidad del individuo. Esta separación que, se desarrolla como una defensa al trauma, queda establecida posteriormente como un patrón de respuesta estable, que tiende a reproducirse automáticamente.


Así pues, una o más partes de la personalidad quedan fijadas al trauma, mientras que otras partes permiten desarrollar a la persona una vida cotidiana aparentemente normal, señalando que ésta, es una normalidad solo aparente dado que se busca evitar física y mentalmente todo aquello que pueda relacionarse con el trauma. La persona desarrolla así una serie de comportamiento fóbicos que buscan evitar aquello que recuerde al trauma.

Las partes disociadas se manifiestan en forma de síntomas disociativos como amnesia, flash-backs, síntomas psicosomáticos, lapsos de tiempo de los que la persona parece no tener conciencia, o en los que se comporta de una manera distinta a la habitual, problemas con el control de impulsos, conductas delictivas, abuso de sustancias, entrar en patrones de revictimización y un largo etc, de hecho es común encontrar que estas problemáticas han sido etiquetadas bajo otros diagnósticos, sin que haya sido indagado su posible origen traumático.

Un ejemplo de este proceso es el que sucede en los abusos en la infancia, el niño/a puede reaccionar “desconectándose” de su cuerpo como un mecanismo de supervivencia, a esto puede añadirse el hecho de que si éstos abusos son perpetrados por una figura que debía protegerle, en la mente del niño/a se hace imposible la coexistencia de esos sentimientos opuestos, no es posible amar y odiar a la vez a la misma persona, por lo que la escisión y fragmentación de la personalidad puede ser la única salida.

El grado de disociación, de separación entre estas partes, puede cambiar e implicar a divisiones más o menos desarrolladas. En los trastornos por trauma simples, las partes ancladas al trauma son más rudimentarias, no se muestran muy activas en la vida diaria, y se limitan a la re-experimentación del trauma, mientras que las partes aparentemente normales son bastante más complejas.

En trastornos por trauma más complejos, como los traumas de desarrollo, éstas partes disociadas, pueden ser más elaboradas y autónomas, mientras que la parte aparentemente normal puede limitarse a algunas funciones determinadas de la vida diaria.

Otro aspecto importante es que las partes disociadas pueden permanecer en un estado de latencia, pueden no expresarse hasta que haya algún estímulo externo que las reactive, La ocurrencia de algo que se asemeje o recuerde a la situación traumática original, puede provocar el acceso a éstas memorias somatosensoriales de manera involuntaria.