El uso cotidiano de la palabra trauma ha hecho que pierda parte de su significado, por trauma psicológico entendemos un estado de miedo intenso que percibimos al enfrentarnos a una situación amenazante, inesperada y de la que no tenemos control alguno. Esta sitación lleva a nuestro sistema nervioso a una excitación que supera sus límites de autoregulación, así el trauma no está en la situación en sí, sino en la reacción de la persona ante él, una misma situación puede resultar traumática para una persona y no traumática para otra que posee un mayor rango de tolerancia.

Esta situación provoca que el sistema nervioso pierda sus mecanismos de regulación y pueda quedar trabado en una hiperexcitación o todo lo contrario quedando en un estado de desconexión. Los síntomas traumáticos son muy variables y pueden ser la hipervigilancia, los flash-backs o recuerdos intrusivos, pesadillas, respuestas de sobresalto excesivo, hiperactividad, ataques de pánico, conductas de evitación, amnesia, problemas sexuales, adicciones, desconexión emocional, atracción hacia situaciones peligrosas, automutilaciones, problemas con el sistema inmunitario, enfermedades psicosomáticas, y un largo etcétera, todo ello sumado a que una de las consecuencias más difíciles que encuentran quienes han vivido una situación traumática, es afrontar los remordimientos acerca de cómo se comportaron en aquella situación.

El estudio de las consecuencias del trauma continúa siendo un foco importante en la investigación y la literatura científica, desde los diagnósticos como el trastorno por estrés agudo y trastorno por estrés post-traumático que englobarían el denominado trauma simple, a situaciones más complejas. En este sentido se ha propuesto crear el diagnostico de trauma complejo para aquellos pacientes que presentan síntomas persistentes, más complicados que los que aparecen en el TEPT, como son las alteraciones en la regulación de la afectividad y de los impulsos, alteración en la percepción de sí mismo, y en la percepción del agresor, en las relaciones, en los sistemas de significado y somatizaciones. Éstas situaciones se asocian comúnmente con agentes estresantes interpersonales que actúan de manera prolongada, como por ejemplo en lo que se conoce como trauma de desarrollo, fruto de una crianza negligente lo que conllevan cambios duraderos en la personalidad del individuo.

El trauma no solo afecta a aquellos que estuvieron expuestos a él sino también a quienes le rodean, el cónyuge o los hijos de la persona traumatizada pueden sufrir en el presente las consecuencias que aquella situación pasada. Convivir con una víctima de un trauma, puede implicar hacerlo también con sus pesadillas y flashbacks, con la desconexión o la explosión emocional, con la sensación de incomprensión, con la pérdida de espontaneidad, con la repetición de situaciones que recuerdan o son similares a aquellas en las que el trauma se produjo, con el abuso del alcohol y de otras drogas, con la exposición reiterada a situaciones potencialmente peligrosas y en definitiva con una manera de ver el mundo condicionada por aquella situación.

El trauma deja una huella en nuestro cerebro nuestra mente y nuestro cuerpo, actualmente, el estudio y abordaje del trauma se hace desde una perspectiva integradora que intenta explicar cómo las situaciones traumáticas impactan y afectan al desarrollo de nuestra mente y nuestro cerebro, y de cómo nuestros comportamientos, nuestras emociones y nuestras relaciones, pueden modelar a esa mente y cerebro afectada por el trauma.