Cuando una pareja o un núcleo familiar más amplio decide solicitar la ayuda de la psicoterapia se puede optar entre varias formas de intervención terapéutica. 

La terapia puede centrarse en una atención intraindividual, es decir, cuando problema está en una de las  personas que conforman ese núcleo familiar, o desde un punto de vista sistémico, es decir atendiendo a la manera  que la familia tiene de interaccionar entre sí.

 Así la situación  pasa de ser un problema en las personas a estar entre ellas.

De la misma manera, nosotros podemos trabajar como terapeutas también desde diferentes posiciones: un solo terapeuta, terapeuta i co-terapeuta, trabajo en grupo, y otras variantes. 

En Tàndem el formato que elegimos para abordar los problemas de familiares y de pareja es el de dos terapeutas. Ser dos terapeutas permite entender mejor las distintas interrelaciones que se suceden en la sesión, y en definitiva para atender con mayor destreza a las parejas o familias. 

Este formato de terapia, consiste en sesiones de una hora y media aproximadamente, donde la pareja y los dos terapeutas, a través de las explicaciones, preguntas, ampliaciones, respuestas de uno al otro, preguntas entre los terapeutas, etc. van construyendo una definición compartida de la situación.

Hacia la mitad de la sesión, los dos terapeutas salen de la sala y  para contrastar y renegociar las visiones y versiones de la situación que han vivido  y elaborar sus hipótesis sobre la situación que se ha planteado. En este momento también, se diseñan las prescripciones o tareas que se propondrán a la familia para resolver la situación que les preocupa. 

Tras esta fase los terapeutas reúnen de nuevo con la familia,  ofrecen su versión y se establecen los primeros objetivos terapéuticos. 

El trabajo con prescripciones o “tareas para casa” es útil para mantener presente la voluntad de cambio, y fortalecer así el propio proceso, prolongándolo más allá de la sesión. 

La frecuencia de las sesiones es variable, pero acostumbra a situarse entre las dos y cuatro semanas, de manera que la pareja haya podido empezar a percibir y generar los cambios que se definieron en la sesión anterior.