La teoría del apego es una de las aportaciones más influyentes de la psicología evolutiva y que ha contado con gran desarrollo e investigación.  Esta concepción formulada inicialmente por John Bowlby, tiene un gran valor en el campo de la psicoterapia.

Partimos de la base de que para el recién nacido, el vínculo con un progenitor es un imperativo biológico, algo imprescindible para la supervivencia, para su desarrollo físico y emocional. Desde el nacimiento, el bebé lleva a cabo una serie de conductas que consisten en:

  • buscar mantener la proximidad de la figura de apego,
  • usar a esta figura como “base segura” para explorar  su entorno,
  • buscar a esta figura como protección en situaciones de en momentos de peligro o alarma.

El fin de la conducta de apego no es solo la protección ante un peligro actual, sino la tranquilidad que aporta saber de la disponibilidad del cuidador, esto no es únicamente entendida como una disponibilidad física sino también emocional, tal y cómo se describe habitualmente una “seguridad sentida”.

Inicialmente Bowlby trabajó, con niños en situaciones extremas, que habían perdido o habían sido alejados de sus madres durante tiempo prolongado, o habían quedado sin hogar tras la segunda guerra mundial. Confirmó que la separación y la pérdida tenía a un gran efecto en el desarrollo de éstos niños, pero más allá de éstas situaciones traumáticas, empezó a prestar atención también a los efectos de una crianza persistentemente inadecuada.