El concepto de Neurobiología interpersonal fue creado por Daniel J. Siegel, para definir una nuevo marco para el estudio de la mente. Este nuevo enfoque surge de la integración de varias disciplinas, la neurología, la psicología evolutiva y la psicopatología.

Partimos de la base de que algo tan difícil de definir como es nuestra mente, surge de la actividad del cerebro que a su vez, está modelado por nuestras experiencias interpersonales, es decir, que las relaciones y el cerebro interactúan para modelar quienes somos.

La neurobiología interpersonal plantea que no existen cerebros aislados y que el cerebro es un órgano de adaptación creado para la relación, y desarrolla sus estructuras a través de la interacción con otros.Tal y como Siegel lo describe, las conexiones humanas modelas las conexiones neuronales de las que surge la mente.

El aprendizaje por experiencia, no está limitado a la infancia y la adolescencia sino que continúa durante toda nuestra vida, aunque ese aprendizaje es más crucial en las primeras etapas de nuestro desarrollo.

Nuestras primeras experiencias no solo dan forma a  nuestros recuerdos sino también a cómo los recordamos, a cómo narramos nuestras vidas, a cómo percibimos y anticipamos el mundo que nos rodea.

La investigación sobre el apego muestra que, la mejor manera de predecir qué relación mantendrán los padres con sus hijos,  es observar cómo éstos padres describen y relatan sus propios recuerdos infantiles, no sólo qué recuerdan sino cómo lo recuerdan. La postura acerca al apego o el estado de la mente de los padres al respecto, influirá en como será la relación con sus hijos. Ésto tiene más influencia que los hechos ocurridos en sí, es decir un padre podrá establecer un apego seguro con su hijo, aunque sus propias experiencias infantiles no lo permitieron cuando fue niño, si ha conseguido reelaborar e integrar aquellas experiencias.

Otro concepto importante a tener en cuenta en esta perspectiva, es el modelo del cerebro triuno de Paul MacLean,   éste describe nuestra conexión evolutiva con reptiles y mamíferos inferiores. Nuestro cerebro tiene tres partes que la evolución ha ido creando unas sobre otras, el cerebro reptiliano, el cerebro paleomamífero y el neomamífero.

Estas “capas” de nuestro cebrero corresponden con las zonas del cerebro del tallo cerebral, el sistema límbico y el córtex, respectivamente.

El neocortex controla nuestras funciones cognitivas superiores, el movimiento voluntario, es capaz de tener autoconciencia y de la comunicación verbal.

En el cerebro paleomamífero o el sistéma límbico, tienen lugar los procesos emocionales, los procesos de vinculación con los demás, y la memoria, nuestra supervivencia depende las emociones, nuestro cerebro nos llevara a repetir aquellas experiencias que fueron agradables y a evitar las que no lo son.  

El cerebro reptiliano, maneja nuestros instintos y reflejos, las respuestas al estrés y al peligro, las funciones corporales básicas como la respiración, la digestión, la sexualidad. 

A grandes rasgos y de manera simplificada, cada capa usa un “lenguaje” diferente, el pensamiento, la emoción y la sensación respectivamente. El cerebro reptiliano y el paleomamífero son cerebros no verbales pero que influyen a un nivel no consciente en el procesamiento del cerebro neocortex. 

Si se afirmó que la década de los 90 fue la década del cerebro, estamos actualmente en el momento de poner todos esos conocimientos al servicio del tratamiento.